Lengua y Literatura CISNEROS

IES Cardenal Cisneros de Alcalá de Henares

El arte narrativo de Pedro Antonio de Alarcón (y 2)

EL ARTE NARRATIVO DE ALARCÓN (y 2)


El Escándalo (1875) es una de las novelas de Alarcón que más éxito tuvo en su día. Por desgracia, hoy permanece olvidada del gran público y sólo le prestan atención los que estudian la obra del escritor granadino o algún aficionado atraído por su firme, ligera y entretenida prosa novelística.


Como anécdota, cabe decir que esta novela significó mucho para Alarcón, pero no sólo por el éxito que tuvo en su tiempo, sino porque la escribió tras la muerte de un hijo suyo, con lo que eso debió dolerle, ya os imagináis.Esta novela consta de ocho libros (sé que lo que voy a hacer es aburrido, pero puede ser de interés para los que deseen leer esta excelente novela); esos libros son:

I. Fabián Conde; II. La historia del padre de Fabián; III. Diego y Lázaro; IV. Quién era Gabriela; V. La mujer de Diego; VI. La verdad sospechosa; VII. El secreto de Lázaro; y VIII. Los padrinos de Fabián.
El protagonista es, claro está, el personaje de Fabián Conde, joven crápula y juerguista de pasado deshonroso, por culpa de una presunta traición hecha por su padre en la última guerra carlista. Fabián Conde, conde de la Umbría, acude a confesarle su historia al jesuita Padre Manrique: su amistad con otros dos jóvenes de pasado borroso, Diego y Lázaro; su ruptura con el último por culpa de la fraudulenta rehabilitación de la memoria del padre de Fabián; su amor por la joven y purísima Gabriela, que acaba en un convento hasta que comprueba el verdadero amor que Fabián le profesa.
Es una novela sobre relaciones tumultuosas, desgraciadas y llenas de “escándalo” (escándalo para la época, claro; hoy cualquier culebrón, real o ficticio, supera a esta novela en ‘escandalosidad’). En ella se observa cómo es necesaria la catarsis o purificación de Fabián para que alcance la felicidad.

Por las descripciones, realistas y prototípicas, Alarcón se acerca a la narrativa de técnica realista, propiamente decimonónica, aunque aún conserva ciertos toques costumbristas, propios más bien del romanticismo.

Algunos procedimientos narrativos usados con gran maestría por Alarcón son: la suspensión de la acción narrativa y del diálogo al final de una parte o de un capítulo para aumentar el suspense (como en el capítulo V); la alternancia de narración y diálogo, siendo éste abierto, pues muchas veces se deja a los personajes con la palabra en la boca; la emotividad, expresividad, sensorialismo y subjetivismo; el recurso a finos toques de humor; la desmedida afectación en el discurso de algunos personajes; la ralentización del tiempo y el rápido desenlace final (los seis primeros libros transcurren en ¡tan solo seis horas!), etc, etc.

 

El Capitán Veneno (1881), en cambio, es una novela bien distinta. Trata del amor de un soldado fanfarrón (arquetipo clásico, desde el Miles gloriosus de los autores latinos, como Plauto, hasta el Barón Münchausen) que es herido en un tiroteo y salvado por Angustias, quien cuida de él.


Pero resulta que Álvaro Veneno es un auténtico, total y absoluto misógino, con lo que el choque entre ambos estaba más que cantado. Sin embargo, él se va enamorando de ella, como tampoco podía ser de otra forma, y todo termina felizmente, a pesar de la testarudez del capitán.

Esta novela se divide en cuatro partes: 1ª.-Heridas en el cuerpo; 2ª.-Vida del hombre malo; 3ª.-Heridas en el alma, y 4ª.-De potencia a potencia.
El relato se caracteriza por las descripciones humorísticas, como vimos al tratar sobre El sombrero de tres picos (ver entrada anterior a ésta); por la duplicidad de parejas (el Capitán Veneno y Angustias, la madre del Angustias y el doctor); por las muchas y variadas situaciones cómicas, llenas de equívocos y enredos; por el contraste entre el carácter agrio del Capitán y dulce de Angustias; por los diálogos siempre vivos y animados, tan propios del arte de Alarcón; por las intervenciones tan agudas del autor (“¡Pueden imaginarse los lectores con cuánto gusto se explayaría la pobre mujer en tal materia, a poco que le hurgó don Álvaro!”, p. 31), etc, etc. Una bella elipsis temporal y una grata sorpresa cierran el libro de forma magistral…
Si en El Clavo y en otros relatos de corte fantástico (que los tiene el autor, y muchos, como La mujer alta), Alarcón demuestra ser un autor moderno, precursor incluso del género policial en España, y en El sombrero de tres picos o El Capitán Veneno se acerca al costumbrismo y al relato lleno de golpes humorísticos, en su novela más acabada y famosa en su época, El Escándalo, se aprecia el esfuerzo de Pedro Antonio de Alarcón por mostrarse próximo al realismo, aunque con ciertos rasgos románticos aún presentes.
El triunfo del Realismo en España vendrá de la mano de don Benito Pérez Galdós, pero eso, queridos amigos, es otra historia de la que hablaremos otro día, si así os parece.
Un saludo muy afectuoso, amigos,
y que paséis una feliz semana.
Hasta pronto.

 

15 noviembre 2009 Publicado por | Artículos, Aula de estudio, Reseñas de libros, Selectividad, Textos expositivos | , , , , | Dejar un comentario

El arte narrativo de Pedro Antonio de Alarcón (1)

EL ARTE NARRATIVO DE ALARCÓN (1)


Hace no demasiado tiempo, recibí algunos comentarios en los que se achacaba al blog un preferente y excesivo trato de favor hacia los escritores ingleses y la literatura inglesa, en general. En resumen, que se nos tachaba de ‘anglófilos’, a veces de forma cariñosa, a veces de modo más crítico.

No seré yo quien niegue esa afición por los autores y obras que conforman las letras inglesas de todas las épocas, y ello es obvio porque el blog entero está dedicado a tres ingleses, o a dos autores de la cultura inglesa y a un anglofrancés.

Ese gusto por ciertos autores y obras ingleses es innegable, pero no me parece incompatible con mi profundo amor por la literatura de mi lengua materna, patria, principio y fin de cuanto conozco, mundo infinito de palabras e historias, de aquí, en España, hasta el último confín de nuestra amada América latina (aprovecho esta mención para agradecer con todo mi afecto las muchas visitas que este blog recibe desde allí, en particular de Argentina, México, Colombia, Perú, Chile, Venezuela, Ecuador, República Dominicana, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Panamá, Bolivia, Uruguay, etc, etc; no se me enfade alguien de un país no citado: amamos a América toda, con toda su maravilla, y amamos la fecunda cultura americana que aquí en Europa deberíamos conocer mucho más).

Debido a esa razonable crítica a ‘nuestra anglofilia’ cultural, en desagravio a tantos escritos sobre literatura anglosajónica (?) aquí publicados, voy a iniciar una serie sobre autores y obras españoles e hispanoamericanos, aprovechando, además, aquellas fichas que encontré en su día, y que guardan muchos tesoros de las letras y la cultura que a tantos millones de personas nos unen.

El azar ha querido que esta semana se celebre el Día del Español (tal vez fuera más preciso decir ‘Día de la Lengua Española’), aunque ignoro por qué justamente en estos días de junio y no en otra fecha. Se podría dar inicio a esta serie con el propio Cervantes, pero la primera ficha que me ha salido al vuelo ha sido la de Pedro Antonio de Alarcón (1833-1891). Vayamos, pues, con don Pedro Antonio, en un viaje de dos paradas que nos llevará por los caminos del más elegante y divertido romanticismo costumbrista de la España del siglo XIX.

Nos saltaremos la azarosa y política vida de don Pedro Antonio, por estar al alcance de cualquiera, en múltiples páginas de la Red. Baste decir que nació en Granada, que fue uno de los escritores y periodistas más famosos de su época, que llegó a coquetear con la política (eran muy revolucionarios y activos estos genios del XIX) y que falleció en Madrid, después de legarnos un buen puñado de novelas, cuentos, libros de viajes, ensayos y artículos periodísticos. Su producción literaria es enorme, por lo que aquí nos ocuparemos sólo de cuatro de sus obras más célebres y con justicia celebradas: El Clavo (1857), El sombrero de tres picos (1874), El escándalo (1875) y El capitán Veneno (1881). Estas cuatro narraciones demuestran la sinigual destreza de Alarcón en la pintura de personajes y ambientes, así como su humorismo y su dominio del arte narrativo. Comencemos por El Clavo.

El Clavo puede considerarse como el primer relato o novela breve de corte policial de la literatura española, por lo que merece doblemente nuestro homenaje. Parece que Alarcón había leído los cuentos policiacos de Poe (fallecido en 1849, y de quien ya tratamos en este blog, en la serie sobre novelas policiales). Esta obrita presenta el que, en mi opinión, es el más ingenioso prólogo de cuantos se hayan podido escribir nunca.

Tanto es así, que uno se lo sabe de memoria (perdón por el alarde y la inmodestia). Dice el prólogo de El Clavo: “Felipe encendió un cigarro y habló de esta manera: (FIN DEL PRÓLOGO)”. Ya está, así de escueto y directo es el prólogo.

El resto del libro es la historia narrada por este tal Felipe. Estos rasgos de humor y de maestría narrativa abundan en la obra de Alarcón. Felipe, en compañía de su amigo el juez Joaquín Zarco, realizan un hallazgo macabro que da pie a toda la investigación posterior:

“Andábamos Joaquín y yo dando sacrílegamente con el pie a tantos restos inanimados, ora pensando en el día que otros pies hollarían nuestros despojos, ora atribuyendo a cada hueso una historia; procurando hallar el secreto de la vida en aquellos cráneos donde acaso moró el genio o bramó la pasión, y ya vacíos como celda de difunto fraile, o adivinando otras veces (por la configuración, por la dureza y por la dentadura) si tal calavera perteneció a una mujer, a un niño o a un anciano; cuando las miradas del juez quedaron fijas en uno de aquellos globos de marfil…

-¿Qué es esto? -exclamó retrocediendo un poco-. ¿Qué es esto, amigo mío? ¿No es un clavo?

Y así hablando daba vueltas con el bastón a un cráneo, bastante fresco todavía, que conservaba algunos espesos mechones de pelo negro.

Miré y quede tan asombrado como mi amigo… ¡Aquella calavera estaba atravesada por un clavo de hierro!”

Este descubrimiento horripilante, digno de un cuento de Poe, será el punto de arranque de la trama narrativa, de corte policial y en ocasiones cercana a lo gótico, por insinuaciones del narrador y por el ambiente fantasmal creado por Alarcón.
No faltan las diligencias (como vimos en nuestro homenaje a Potocki), ni tampoco faltan los amoríos con damiselas de ojos negros, como salidas de una de las bellas y misteriosas leyendas de Bécquer. Tal vez ya hayáis leído esta novelita, pero si no es así, no debo desvelar más de su argumento, a riesgo de que perdáis el interés por ella.
Baste decir que es muy recomendable, entretenida y ciertamente ofrece una buena demostración del arte narrativo de este autor, que sabe mantener la intriga y es un maestro del retrato, de los diálogos vivos y de la ambientación misteriosa. Si alguno de vosotros desea leerlo, pinchad en el siguiente enlace, de la Biblioteca Virtual Cervantes.

Con El sombrero de tres picos (1874), Alarcón alcanza una de sus cimas como autor del romanticismo y realismo costumbristas. Esta es una narración muy distinta a la de El Clavo, en la que nada hay de macabro, ni gótico, ni extraño: todo lo más, burlesco, satírico y muy divertido. Se trata de una historia tradicional y tan vieja como el mundo. La historia de un supuesto caso de infidelidad conyugal, que tiene como protagonistas a la pícara molinera, la hermosa y joven Señá Frasquita, y al contrahecho y malvado Corregidor, ante el estupor y la sorpresa del marido de Frasquita, el tío Lucas. Igual que el relato de El Clavo, esta entretenida y tierna historia de celos y enredos amorosos ha dado lugar a adaptaciones cinematográficas e incluso musicales, como la obra de Manuel de Falla.

 

Esta novela de Pedro Antonio de Alarcón se caracteriza por la brillantez en las descripciones humorísticas de los personajes; por la simultaneidad de acciones; los diálogos vivos y rápidos como en el teatro; por el subjetivismo y las intervenciones del autor en forma de narrador agudo y admirativo (“¡Lástima que no se oyera lo que hablaban!… Pero el lector se lo figurará sin gran esfuerzo; y, si no el lector, la lectora”); por un humor que se refleja hasta en los títulos de los capítulos (como el “XXVIII. ¡Ave María Purísima! ¡Las doce y media y sereno!” ) o por el sabio y medido manejo de los tiempos narrativos, adelantándose a los personajes o retrocediendo en el tiempo hasta un pasado anterior a la acción narrada.

Hasta que retomemos las fichas con la segunda parte sobre el arte narrativo de Alarcón, como colofón a esta primera entrega, os dejo con la que, a mi modo de ver, es la mejor descripción, el más acabado y fino retrato de todo el libro y uno de los más logrados de la Literatura española. Alarcón nos pinta a la Señá Frasquita, la pícara y guapa molinera, con trazos llenos de cariño, ternura, humor e ironía:

“La chiquilla de cuatro años, esto es, la Señá Frasquita, frisaría en los treinta… Tenía más de dos varas de estatura, y era recia a proporción, o quizá más gruesa todavía de lo correspondiente a su arrogante talla. Parecía una Níobe colosal, y eso que no había tenido hijos: parecía un Hércules… hembra; parecía una matrona romana de las que aún hay ejemplos en el Trastevere. Pero lo más notable de ella era la movilidad, la ligereza, la animación, la gracia de su respetable mole. Para ser una estatua, como pretendía el académico, le faltaba el reposo monumental. Se cimbraba como un junco, giraba como una veleta, bailaba como una peonza. Su rostro era más movible todavía, y, por lo tanto, menos escultural. Avivábanlo donosamente hasta cinco hoyuelos: dos en una mejilla; otro en otra; otro, muy chico, cerca de la comisura izquierda de sus rientes labios, y el último, muy grande, en medio de su redonda barba. Añadid a esto los picarescos mohínes, los graciosos guiños y las varias posturas de cabeza que amenizaban su conversación, y formaréis idea de aquella cara llena de sal y de hermosura y radiante siempre de salud y alegría”.

También podéis leer esta novela pinchando en el siguiente enlace, de nuevo perteneciente a la Biblioteca Virtual Cervantes.

Un afectuoso saludo, amigos; pasad un buen fin de semana y hasta pronto.

15 noviembre 2009 Publicado por | Selectividad, Textos expositivos, Textos para comentar, Varios | , | Dejar un comentario

El teatro español anterior a 1936 (1)

EL TEATRO ESPAÑOL ANTERIOR AL 36

EN LA SELECTIVIDAD, SI TE CAE ESTA PREGUNTA, QUE REPRESENTA UNA CUESTIÓN MUY AMPLIA Y EN LA QUE ES FÁCIL PERDERSE O IRSE POR LAS RAMAS, DEBES SINTETIZAR TUS CONOCIMIENTOS AL MÁXIMO.

EMPIEZA POR UNA INTRODUCCIÓN GENERAL SOBRE EL PANORAMA TEATRAL DE LAS PRIMERAS DÉCADAS DEL SIGLO, CÉNTRATE EN LOS ESCRITORES Y LAS OBRAS MÁS IMPORTANTES Y TERMINA CON UNA BREVE CONCLUSIÓN.

El teatro anterior a 1936:

Frente al teatro neorromántico, cultivado por Echegaray por otros dramaturgos de su escuela, se va introduciendo un teatro que tiene como meta reflejar un mundo real y cotidiano en el que los espectadores se ven reflejados en ellas.

La Guerra Civil de 1936 supone un corte radical en la producción literaria española y también en el género teatral. Lorca, junto con Valle-Inclán, son los grandes renovadores del teatro español contemporáneo.  “La Barraca” se lanzó a representar por toda España las obras clásicas y se dispuso a realizar un teatro de calidad.

En el periodo que va desde comienzos de siglo hasta 1936, el teatro español ofrece:

  • Teatro burgués: comedias con divertidas situaciones cuya acción se sitúa en una sociedad de clase acomodada. Muchas de estas obras se estrenan después de la guerra. Jacinto Benavente constituye la figura central de este tipo de teatro.
  • Teatro modernista en verso: presenta escenarios fastuosos alejados de la realidad. La temática histórica es la dominante, aunque no la única. Encontramos vestigios de este teatro en los hermanos Machado. Su principal representante es Eduardo Marquina. Este teatro influye en Valle-Inclán y en Lorca.
  • Teatro popular de humor castizo: representado por el “género chico”, que engloba sainetes, comedias y zarzuelas de 1, 2 ó 3 actos. Destacan los hermanos Álvarez Quintero y Carlos Arniches.
  • Teatro innovador: pretende renovar las técnicas y el lenguaje, pero alcanza poco éxito en su tiempo. En esta línea se orienta el teatro de Unamuno, Valle-Inclán, de la Serna, Lorca, Alberti, Salinas y Poncela.

VALLE-INCLÁN:

Las obras de Valle-Inclán se pueden clasificar en ciclos:

  • Ciclo mítico: está formado por las comedias bárbaras, con ellas inicia su renovación teatral. Crea unos espacios nuevos; ya no son los ambientes teatrales burgueses sino el mundo rural gallego, en el que domina la miseria, la muerte y la crueldad, con un nuevo lenguaje dramático, caracterizado por el símbolo y la metáfora.
  • Ciclo de la farsa: Valle-Inclán ve en el teatro de guiñol un camino para llevar a cabo sus experiencias teatrales innovadoras.
  • Ciclo esperpéntico: son obras en las que Valle-Inclán presenta una realidad distorsionada en al que lo trágico y lo grotesco se mezclan dando lugar al esperpento, forma más apropiada para reflejar la realidad trágica del momento.

A este ciclo pertenecen sus obras: Luces de bohemia, La hija del capitán

El esperpento es la aportación más destacada que realiza Valle-Inclán al teatro. Más que de un nuevo género dramático se trata de una estética y de una nueva visión de la realidad, utilizando la caricatura, la degradación y la deshumanización como recursos.

Luces de bohemia:

Aparece publicada por primera vez con 12 escenas en el 1920, y en el 1924 Valle-Inclán le añade 3 escenas más. El título encierra cierta ironía, ya que ofrece los aspectos más desagradables de la bohemia, tema central de la obra.

  • Argumento: Max, poeta ciego, y su acompañante, don Latino, pasean por distintos escenarios de Madrid. Max es detenido y encerrado en los sótanos del Ministerio por insultar a los políticos del momento; allí conoce a un anarquista, que es asesinado después. Los amigos del poeta logran la libertad de Max desde la redacción de un periódico, que poco después muere en la puerta de su casa, traicionado por don Latino, que se queda con el dinero del premio de la lotería. La acción se prolonga con el velatorio de Max, una conversación en el cementerio entre el Marqués de Bradomín y Rubén Darío, y una escena en la taberna, donde, a través de la prensa, se entera del suicidio de la esposa de Max y de su hija.
  • Estructura externa: Luces de bohemia carece de actos. La obra se estructura en 15 escenas de distinta duración, en lugares variados, con un desarrollo argumental cerrado y lineal.
  • Estructura interna: hay diversas opiniones; hay quien dice que no existe un hilo de unión entre escena u escena. Otros críticos encuentran elementos unificadores, como la muerte y el billete de lotería.
  • Los personajes: caracterizados por sus actuaciones, por le lenguaje que muestra la clase social a la que pertenecen o por las acotaciones del autor. En la obra se hace alusión a los escritores representantes del mundo bohemio: Verlaine, Víctor Hugo… Max es su último representante, mísero y marginado.

GARCÍA LORCA:

Para Lorca el teatro es un espectáculo en el que se combinan los gestos, la música, lo plástico y lo poético. La dedicación a este género es paralela a su labor poética. Aporta al teatro sus dotes como poeta, el conocimiento del teatro clásico español y de las vanguardias artísticas. Características de su teatro:

Elementos de su teatro:

  • La temática: el tema constante es el amor.
  • Los personajes femeninos: ocupan un puesto relevante en sus obras. Éstos se convierten en símbolos de una realidad social.
  • El arma blanca: (cuchillo, navaja…) instrumento de sacrificio en las religiones primitivas, está presente en las obras de Lorca de forma obsesiva.
  • Ambiente andaluz: sus obras más importantes se desarrollan en el medio rural andaluz con sus tradiciones. Los elementos de esa realidad andaluza está cargada de símbolos: agua (la vida); sed (deseo); olivar (encuentro de enamorados); el mar (libertad)…

Bodas de sangre:

Es una tragedia ya que se centra en la fatalidad de un amor irreprimible. La obra se presenta en tres actos y siete cuadros. Su autor convierte un hecho real en argumento. Tres son las mujeres que mueven los hilos de la acción: la madre, la suegra y la novia. Esta última, prometida a un hombre que no ama, escapa el mismo día de la boda con Leonardo, su antiguo novio, con el que no se casó por la desigualdad social entre ambas familias. Su amor es tan fuerte que le hace romper con los convencionalismos sociales.

Yerma:

Obra cargada de simbolismo. Es la tragedia de la mujer que desea un hijo. Algunos críticos ven en Yerma no a la mujer estéril sino a la mujer no fecundada. Yerma se ha casado sólo para ser madre. No concibe el matrimonio como amor al hombre, sino como procreación, sin embargo, a su marido le basta el amor y no le preocupa el no tener hijos. La resignación de su marido y la imposibilidad de entregarse a otro hombre hace que Juan, su marido, acabe muertos por las manos de Yerma.

La casa de Bernarda Alba:

Compuesta en prosa con excepción de las coplas de coro, las de la abuela y los rezos por los difuntos. El tema está tomado de la realidad y desarrollado en el medio rural andaluz; sus protagonistas son mujeres, pero en La casa de Bernarda Alba se intensifican las tensiones dramáticas presentes en Bodas de Sangre.

Los tres actos “tienen la intención de documental cinematográfico”: el luto que impone Bernarda a sus hijas hace que éstas vivan angustiadas por las pasiones y por la vigilancia de la madre. El amor puede ser la salvación. El noviazgo entre Angustias y Pepe despierta el deseo en las hermanas, convirtiéndose éstas en rivales de la cuarentona Angustias. Esto hace que surja la lucha entre dos fuerzas poderosas: el instinto sexual y las normas morales de la sociedad. La locura y la muerte son las únicas que liberan al personaje de esta tiranía, la locura de María Josefa y el suicidio de Adela.

10 noviembre 2009 Publicado por | Esquemas, Selectividad, Teatro, Teatro español del siglo XX, Varios | Dejar un comentario

   

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