EDGAR ALLAN POE (y 3): LA CARTA ROBADA
En La carta robada asistimos a un caso especial para Dupin: a un importante personaje de la vida política de París le han robado una carta comprometedora y se halla bajo la amenaza de que el contenido será revelado si no se aviene con la persona que la ha robado. Lo curioso es que la policía registra de arriba a abajo la casa del supuesto ladrón, la ponen patas arriba, pero no encuentran ni rastro de la carta.
En cambio, Dupin no sólo encuentra la carta robada a la primera, sino que la recupera y la amenaza queda neutralizada. Dupin usa para ello su solo instinto y sus dotes de fino observador, así como su agudeza mental y deductiva. La solución estaba a la vista de todos, pero sólo Dupin fue capaz de verla.
EDGAR ALLAN POE (2): EL MISTERIO DE MARIE RÔGET
EL MISTERIO DE MARIE RÔGET
Edgar Allan Poe (1809-1849) continuó con las aventuras de su detective analítico, Charles Auguste Dupin, en el cuento titulado El misterio de Marie Rôget (The Mistery of Marie Rôget) , que fue publicado por primera vez en la revista Ladies’ Companion en tres episodios: en noviembre y diciembre de 1842 y febrero de 1843.
El cuento se basa en una historia real, en la desaparición de una joven llamada Mary Cecilia Rogers, que fue asesinada en las inmediaciones de Nueva York, luego fue hallada ahogada en las riberas del río Hudson y cuya muerte aún no había sido aclarada cuando se publicó el relato de Poe. El autor norteamericano cambió el nombre de Mary Cecilia Rogers por el de Marie Rôget, cambió el río Hudson por el Sena y situó la acción en París, en lugar de Nueva York. Además, presenta los hechos como una consecuencia de Los crímenes de la Rue Morgue.
Ya dijimos en la anterior entrada dedicada a Poe que Dupin no es un hombre de acción, tal y como son otros detectives como Sherlock Holmes, Sam Spade o Philip Marlowe. Dupin encarna la pura reflexión, el intelecto en marcha, el cerebro razonador llevado a sus últimas consecuencias. En ningún relato mejor que en éste se ve a ese Dupin reflexivo, contemplativo y dedicado de lleno a sus análisis científicos. En efecto, porque lo más novedoso de esta historia reside en el hecho de que Dupin resuelve el misterio sin salir de su casa, basándose en las deducciones que efectúa a través de la lectura de los periódicos. Hoy esto podría parecernos imposible, pero dado que en la época apenas existían otros medios de comunicación que no fueran los de la prensa escrita y que estos contenían muchas más informaciones que ahora, podemos aceptar como posible que un hombre con una capacidad analítica tan extraordinaria como Dupin pudiera averiguar la verdad del caso de Marie Rôget solamente leyendo los periódicos.
Poe se identifica plenamente con Dupin en este relato, mucho más de lo que lo había hecho en Los crímenes de la Rue Morgue, aunque debemos conceder que su primer relato policiaco sea superior a éste, sobre todo en su componente macabro y en su sorprendente efecto final. En la historia de Marie Rôget, Dupin va desmenuzando los hechos conforme avanza en la lectura de varios periódicos franceses, que se corresponden con periódicos norteamericanos de la época: así, en la versión ‘francesa’ de la historia, el periódico L’Étoile se basa en el The New Yorker Brother Jonathan; el diario Le Commerciel está basado en el New York Jounal of Commerce; el semanario Le Soleil es un trasunto del Philadelphia Saturday Evening Post; el diario Le Moniteur se basa en el auténtico The New York Commercial Advertiser; Le Mercure está pensado basándose en el New York Herald y así con todos los periódicos y semanarios que va leyendo y analizando Dupin.
Al igual que con Los crímenes de la Rue Morgue el lector nos permitirá que no demos el más mínimo detalle acerca de los razonamientos de Dupin, ya que esto impediría que se acercase a la lectura del cuento de Poe, que es al fin y al cabo lo que pretendemos con estso breves apuntes. Sí podemos decir que su lectura no defraudará a los lectores más exigentes y que posee indudables alicientes como para aproximarse a su conocimiento con el mayor de los intereses. Sólo podemos dejar al lector con la imagen del cuerpo de Marie Rôget flotando en el río Sena, con la incapacidad de la Policía francesa para desvelar el crimen y el acertado, filosófico y científico análisis de los hechos realizado por Auguste Dupin a través de los periódicos.
Otro de los detectives que se asemejan a este Dupin ‘inmóvil’ es Don Isidro Parodi, personaje creado por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. El señor Parodi es el clásico argentino que sufre la fatalidad de estar encerrado en una prisión acusado de un crimen que no ha cometido pero no puede demostrar su inocencia. Entre los muros de la prisión, don Isidro Parodi ha engordado, pero su intelecto no ha enflaquecido y muchos de sus amigos le plantean pequeños enigmas que él resuelve, evidentemente, sin salir de su celda. Así podemos leerlo en el volumen titulado Seis Problemas para don Isidro Parodi, que demuestran el enorme ingenio de Borges y Bioy Casares y las notorias influencias de maestros de la narración policial como el propio Poe, Conan Doyle o Chesterton.
Dejaremos que los lectores disfruten de la entretenida y asombrosa lectura de la excelente historia contenida en El misterio de Marie Rôget, o de cualquiera de las otras narraciones mencionadas en este apunte, para que pueda comprobar por sí mismo la altura literaria de los cuentos policiales de Poe y su vasta y ejemplar influencia en los escritores que le siguieron.
El arte narrativo de Pedro Antonio de Alarcón (y 2)
El Capitán Veneno (1881), en cambio, es una novela bien distinta. Trata del amor de un soldado fanfarrón (arquetipo clásico, desde el Miles gloriosus de los autores latinos, como Plauto, hasta el Barón Münchausen) que es herido en un tiroteo y salvado por Angustias, quien cuida de él.
auténtico, total y absoluto misógino, con lo que el choque entre ambos estaba más que cantado. Sin embargo, él se va enamorando de ella, como tampoco podía ser de otra forma, y todo termina felizmente, a pesar de la testarudez del capitán.
SOBRE SOY LEYENDA, DE RICHARD MATHESON
SOBRE SOY LEYENDA,
DE RICHARD MATHESON
Una de las grandes virtudes de esta novela es su sencillez: aunque el argumento pueda parecernos complicado e increíble, está contado de forma directa, sin apenas florituras literarias. Esa característica permite que se lea con rapidez y que nos atrape desde la primera página.
Por otra parte, es evidente que la gran baza del libro se encuentra justamente en su trama: la historia del último hombre sobre la Tierra que sobrevive en un planeta poblado por seres infernales. Estos seres han sido infectados por una plaga cuyos síntomas les hacen parecer como vampiros. Ese hombre, Robert Neville, se debate entre una existencia ordenada en la que a menudo recuerda a su familia muerta mientras combate a los vampiros y una vida entregada al alcohol y a la desidia, para tratar de olvidar a sus seres queridos y a los que pueblan ese devastado mundo. Dicho así resulta un argumento casi ridículo, pero el autor consigue que nos metamos en la piel del personaje, nos identifiquemos con su sufrimiento e incluso entendamos que, poco a poco, ha perdido la sensibilidad de todo ser humano, pues se dedica a matar para sobrevivir.
La vida aislada ha hecho de Neville un hombre a ratos metódico y a ratos descuidado. Vive inmerso en el recuerdo de Virginia, su esposa, de su hija Kathy y de la gente que conocía en su ciudad, Los Ángeles. En esa soledad ha sabido sobrevivir e incluso se propone hallar respuestas al enigma de qué causó la enfermedad (la guerra bacteriológica de 1975) y cómo se transmite. Vive en su casa, trabaja de día, se defiende durante la noche. El autor consigue que experimentemos el miedo y la emoción ante las acometidas nocturnas de los vampiros. Y todo eso lo logra con pocos recursos narrativos: ese grito insistente de ‘¡Sal, Neville!’, pronunciado por su vecino, Ben Cortman, se vuelve inquietante, aunque al final, cuando describe la muerte de Cortman a manos de los asesinos de la nueva y violenta sociedad, casi sentimos lástima por él, como la siente el propio Robert Neville.
Dos episodios trastornan la “monótona y rutinaria” vida de Neville: el primero es la aparición del perro vagabundo y herido, cuya confianza trata de ganarse, para luego padecer una nueva frustración; el segundo es el descubrimiento de una mujer, Ruth, de la que al principio desconfía, por si estaba infectada, para confiar luego y, al fin, llevarse una nueva decepción. Ella es una espía, pero se enamoran y en una carta que le deja antes de marcharse le informa del surgimiento de la nueva sociedad y en la cual Neville ya no tiene cabida, porque se ha convertido en un ser mítico, aún más legendario que los propios vampiros vivientes. Al final, cuando estos le capturan para ejecutarlo, Ruth le habla de nuevo, y después de darse cuenta de la situación, acepta suicidarse. Por eso, su último pensamiento antes de morir es paradójico y trágico a la vez: “Soy leyenda”. En un mundo donde los seres humanos han dejado de existir en sociedad, cercado por los nuevos y terribles seres que habitan la Tierra, el último hombre vivo no puede ser para ellos más que una leyenda.
La novela toca temas tan interesantes como la soledad; la conducta del ser humano en una situación límite; la vida en un medio hostil; la deshumanización; las relaciones entre el yo y los otros, cuando el yo se ha vuelto un extraño para los otros y es discriminado por ser diferente (lo que, extrapolado, refleja el tema del racismo); la sensación de miedo, angustia, vacío, incomunicación… Todo eso y mucho más se halla presente en las perturbadoras páginas de Soy leyenda, de Richard Matheson, y su lectura, con ser desasosegante y pesimista, consigue interesarnos de principio a fin, porque no es un mero relato de ciencia-ficción, sino que, con el pretexto de su delirante trama, nos pone frente a problemas psicológicos, sociales y culturales de hondo calado. La lectura se disfruta mucho en ese nivel superficial de la historia, pero también en el nivel profundo, en el que el lector reflexiona sobre esos y otros temas, muchos de los cuales siguen estando de actualidad en el incomunicado mundo en que vivimos.
Agradezco a Enrique Mañero que me haya recomendado la lectura de esta novela. Siento no poder asistir a vuestras charlas sobre libros, pero ésta es una forma de contaros mis impresiones, por lo que os agradezco mucho que las atendáis y lamento no poder compartir las vuestras.
Un saludo, con todo mi afecto.
Francisco Javier Capitán Gómez



UNA IMPRENTA CLÁSICA